Jarboe: los puntos de quiebre

jarboe entrevista afterpop

 

“… eso fue completamente distinto [lo que Jarboe acababa de tocar en el festival Supersonic]. Estamos en un festival de música experimental, entonces pensamos en las cosas nada más para esta ocasión. Retrabajamos cada una de nuestras piezas, enloquecimos, buscamos hacer que no solo fuera una idea en vivo, sino que sonaravivo; llevar la música a los extremos es lo que se debe de hacer. Buscar la disonancia cuando es apropiada, transformar las armonías en cosas funcionales pero indistinguibles… tener una intención. De eso trata todo. De no dejar de tener en claro que hay una intención”.

Jarboe La Salle Devereaux habla pausado, con la certeza de la pasión y la emoción de años en el juego sonoro. Se emociona. Es accesible. No deja de responder a una sola de las preguntas con un compromiso que trasciende las dinámicas clásicas de la conversación “oficial” para extrapolarse a lo personal y lo humano.

Su figura es sujeto claro de leyenda en cualquiera de los foros de la música de avanzada; mejor conocida como Jarboe, fue un músico convencido desde la niñez por los embriagantes sonidos del órgano y el piano. Rondaba los veinte años cuando se encontró con un experimento extraño, melodioso  y pronto a ser legendario: un talMichael Gira rondaba los callejones de Nueva York y algunas discográficas con un proyecto llamado Swans, que con un par de discos bajo el brazo (inspirados por Jean Genet, el Marqués de Sade, el heavy metal, el noise y las pesadas intervenciones deThurston Moore) comenzaba a generar algo de ruido en los circuitos del undergroundestadounidense. A los pocos meses, Jarboe se uniría a la banda.

Desde su ingreso, el sonido de la banda comenzó a cumplir con mayor certeza la idea que Gira había concebido para su nombre: “Un cisne es un animal majestuoso, muy bello, pero increíblemente agresivo y temperamental”. Desde el ingreso de Jarboe, el contraste brutal entre la disonancia, la delicadeza, la oscuridad y la hermosura se hizo constante, creando obras maestras de la música popular contemporánea como Children of God (1987), Holy Money (1986) y The Burning World (1989).

La estadounidense fue, junto con Gira, el miembro más constante de Swans: desde su ingreso en 1986, no dejó la agrupación hasta su primer rompimiento en 1998. A partir de entonces continuó sus intereses creativos, lanzando casi una docena de discos en solitario y de forma independiente. De estos, cabe rescatar al maravilloso Warm Liquid Event (2002), Durga (2009) y Sacrificial Cake (1991).

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Ahora fue nuestro turno ver su presentación en uno de los festivales más importantes de la música experimental, el Supersonic Festival de Birmingham, Inglaterra. Minutos alucinantes, escasos de arreglos por momentos y a veces desgarradores por su multidimensionalidad. Maravillosa, inquietante, libre. Así el lujo de verla en vivo, únicamente comparable con el de mantener con ella la siguiente conversación:

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Como uno de sus miembros más representativos en el pasado ¿qué significó para tí el regreso de Swans en el 2010? 

¿Qué significó para mí? [Duda. Gesticula. Pausa.] Un dolor tremendo y traumático. Perdí treinta libras, dejé de comer, tuve pesadillas, tuve que ir al doctor y tomar medicinas. Sufrí espantosamente porque sentí como si mi familia me hubiera abandonado. Esa es la verdad.

Fui a verlos tocar en vivo en septiembre del año pasado. Lloré durante todo el concierto. Las lágrimas caían por mis mejillas, pero no era por tristeza; más bien, entendía todo lo que estaban haciendo como un ensamble musical, y yo moría por estar ahí, comunicándome con ellos. Debo decir que es lo más duro que he vivido. Estuvo con ellos, sobre todo con Michael, desde que era una niña, viajamos por el mundo, grabamos toda esa música fantástica… y verlo ahí, todo lejano y plastificado, fue desgarrador.

Esa noche hablamos por primera vez en años. Lo primero que Michael me dijo fue: “Mira, yo sé que quieres ser parte de esto. Pero esto es algo nuevo”. Después de oír eso, no pude más que pensar de inmediato: “No creo que sea así. Tienes tres miembros más de cuando nosotros tocábamos y estás usando el mismo nombre”. Creo que le ha dado un portazo definitivo a todo su pasado.

En tu carrera profesional, la palabra “colaboración” tiene claramente una gran importancia. Después de todos estos años, ¿cuáles han sido los aprendizajes más valiosos de todas las colaboraciones que has realizado?

Dejar a un lado la necesidad de control. Dejar que el verdadero sentido de una colaboración, es decir, que el plan conjunto e inesperado, se realice. Cada colaboración es dar a luz, es olvidar el ego propio y dejar que el concurso de energías se alimente solo. Dejar que la colaboración sea en sí misma. Así es como se hace.

Muchos artistas quieren controlarlo todo. Temen mucho a la idea de que no resulte lo que quieren que resulte. Yo trato de evitar esto a toda costa; incluso, cuando piden que colabore en algo que ya está hecho, siempre digo que pueden hacer con mi parte, con aquello que aporté, cualquier cosa que quieran. Lo pueden destruir, modificar al grado de la indefinición, dejarlo intacto, editarlo… Es un regalo. Y debe de ser tomado como tal. Así es como se convierte en una cosa, además, extraordinariamente divertida.

Uno de los trabajos que quizás los que seguimos tu música menos esperábamos, fue el realizado con Phil Anselmo. ¿Cómo se dio ésto? 

Tenía muchas ganas de hacer música increíblemente ruidosa para el escenario. Por eso hice Mahakali y el tour subsecuente, tocando en el Inferno y todos estos festivales de rock. Me empezó a interesar mucho tomar a un vocalista de heavy metal, de preferencia uno legendario, y decirle: “Quiero que cantes, pero sin ningún efecto sobre to voz. Completamente seca, sin trucos, y quiero que cantes con un cello y un violín. No es metal. Ni siquiera es rock.”

Pregunté por ahí y me dijeron que lo mejor que podía hacer era trabajar con Phil Anselmo. Lo contacté a través de un amigo y hablamos por teléfono. Compartimos mucho: que tanto mi madre como él vivían en Louisiana; que el disco iba a tratar temas ecológicos y entonces hablamos mucho del huracán Katrina. Le gustó mucho la propuesta, esta de mucha libertad hacia la canción. La escuchó porque se la interpreté de una forma muy libre por el teléfono, muy burda y poderosa.

Ahora somos amigos, nos hemos visto varias veces y lo adoro. Es un cantante extraordinario. Me encantaría hacer un disco con él que fuera completamente acústico, porque tiene esa capacidad y esos intereses. Es una maravilla.

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Esta puede ser una pregunta un tanto extraña, pero quisiera saber cómo haces para mantenerte en forma física, mental y anímicamente para grabar, lanzar, promover y tocar en vivo una cantidad tan impresionante de discos que salen uno tras otro. También quisiera saber cómo hacer para mantener y ejercitar tu voz.

Yo abuso, primero y antes que nada, de mí misma. Trabajo hasta la fatiga. Me la paso sin comer ni dormir. El verano pasado pesaba 45 kilos. Las costillas se me salían del torso y no me sentía, sobra decirlo, del todo bien. Fue duro, como ya dije, como si muriera alguien de mi familia, pero he mejorado. He ganado unos 20 kilos desde entonces y me siento mejor.

Soy increíblemente obsesiva, como puede escucharse. Cuando algo me interesa trabajo en eso hasta grados muy extremos.  Siempre estoy y he estado empujando, empujando, empujando… Es horrendo vivir conmigo, porque me ves sufriendo en todo momento, trabajando en todo momento… Parece que me pierdo, pero a lo que voy es que el cuerpo puede adecuarse a cualquier circunstancia, a cualquier actividad o dinámica diaria. Me he convertido en una persona increíblemente estoica por ello: puedo aguantar mucho dolor físico, y lo he disfrutado desde siempre.

Antes de estar en Swans boxeaba y me gustaba hacer pesas. El proceso de estas dos actividades es muy doloroso pero, como ya dije, soy una persona increíblemente estoica. No es que sea algo bueno, pero no puedo mentir. Me gusta el dolor, el ardor, la agonía que hay en todo eso… Es como un reto constante, empujar hasta al punto de quiebre.

He tomado clases de canto desde que soy niña; mi papá quería que cantara en un coro, y eso fue lo que hice. Desde entonces aprendí a gritar y a llevar mi voz a los extremos, pero hay que jugar con nuestros propios límites: puedes gritar y hacerte daño, para únicamente después irte por cauces mucho más suaves y tranquilos. Siempre están ahí esas dos fuerzas, una que empuja y una que recibe el empuje.

Regresando al tema de las colaboraciones, quisiera saber un poco más sobre tu participación en Vampillia y lo que has hecho con Justin K Broadrick.

Ellos me contactaron de la nada, me dijeron algo de la canción y la busqué. Escribí la letra, una canción de amor, de un amor prohibido entre dos hombres. Si mal no recuerdo, uno de los primeros homosexuales ocultos en una de sus caricaturas. Les encantó. Mi canto ahí es como un lamento.

Después lograron hacer que yo y mis músicos fuéramos de Nueva York hasta Japón, para hacer una serie de conciertos ahí. Tocamos con Boredoms, Merzbow, tocamos una gran improvisación al final que mezclaron y lanzaron como un disco. Fue increíblemente teatral, que es como evidentemente me gusta hacer las cosas.

Con Justin… escribí las letras de una canción de Jesu acerca de Nuevo Orleans. Se llama “Storm Coming On”. Habla de una situación simultánea, aquella cuando me acababa de mudar a Nueva York, y en la puerta donde vivían siempre habían agujas hipodérmicas y hombres orinando en las calles. Así era el paisaje: charcos de orines con jeringas. Era una cosa muy tensa, como la llegada del huracán Katrina en esa ciudad.

Después hicimos el proyecto de J2, que fue un proyecto de intercamvio de archivos. Subíamos archivos enormes solo para bajarlos. Lo presentamos en Londres en el 2005, con el título de Final. Nos conocimos esa vez y nada más. Me dijo: “sin ti no estaría haciendo lo que hago”. Me tocó el corazón. Amo lo que hace.

 Cerremos este tema ¿qué otros trabajos conjuntos vienen pronto?

¿Ahora mismo? Hay tanto que ni siquiera puedo concentrarme en todo. Hay tantas cosas que se están haciendo…

[En eso llega su manager para llevársela, sin discusiones. Jarboe llevaba el día entero sin comer y el restaurante estaba por cerrarse. Ella no quería, pero insistimos en dejarla comer algo. Lo importante era alejarla de los 45 kilos]

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