DJ Hell: las definiciones del House

Sí, DJ Hell creó “My definition of house music”, aquel tema convertido en himno de las pistas de baile que sacudió multitudes en una de las primeras ediciones del Loveparade… También fue el artífice de un par de grandes discos que combinaban increíblemente EBM, punk, pop, house, electro y techno: Munich Machine (1998) y NY Muscle (2003). Incluso fue uno de los responsables de delinear toda una estética específica de la electrónica con ese gusto por revisitar una y otra vez la música de los 70 y 80 en pleno inicio del siglo 20, con sus creaciones y, sobre todo, a través de las producciones publicadas en su sello, International Deejay Gigolos, en cuyo catálogo figuran Fischerspooner, Jeff Mills, Zombie Nation o Christopher Just.

 Pero todo eso dejaría de ser lo más importante en su currículum cuando llegó Teufelswerk, un disco doble en el que había conseguido hacer una recapitulación de todos los ritmos y las atmósferas que habían nutrido su paleta de sonidos, pero llevándola a niveles de innovación que pronto le valieron todo tipo de halagos. Muchos llegaron a decir que era uno de los más grandes discos de música dance jamás creados…

 Detrás de la hipérbole se encuentra un disco magníficamente producido (para que esto sucediera, confluyeron las habilidades de Mijk Van Dijk, Anthony Rother, Terrace y Peter Kruder en el lado techno, y Christian Prommer, Roberto Di Gioia y el mismo Hell en el lado “Kosmische Musik”, es decir, más ambiental y cinematográfico) y, sobre todo, uno en el que todo pareciera dispuesto como una especie de alfombra roja para el gran clímax del álbum: “U Can Dance”, esa colaboración emotiva y bailable entre Bryan Ferry y Hell que surgió luego de que el cantante de Roxy Music disfrutara lo que Hell había hecho con Grace Jones y Puff Daddy.

 Los dejamos con este pregunta/respuesta para afterpop sobre lo que significó colaborar con Ferry, sobre sus habilidades como productor y sobre lo que, desde su punto de vista, hace una gran canción.

 JP: Cuéntame cómo fue trabajar con Bryan Ferry.

 H: Siempre es un gran placer trabajar con tus ídolos y crear algo único, extraordinario. Sabía que si no iba en la dirección correcta con esa producción, Ferry no me permitiría publicar la canción. Luego, cuando estaba sentado en Viena, en el estudio de Peter Kruder, tuvimos un momento mágico mientras hacíamos la canción y todos los involucrados en el proyecto se entusiamaron con el producto final.

 JP: Hay quienes describen “U Can Dance” como un corte perdido de Roxy Music transformado en un clásico instantáneo de club gracias a tu alquimia. ¿Qué querías crear cuando comenzaste a trabajar en él?

 H: Pensamos mucho en el proceso y en los rumbos posibles que podía tomar, así que cuando comenzamos a trabajar en ello, todo cobró forma de un modo fantástico. Teníamos el mejor estudio, los mejores músicos, el mejor cantante… Sólo había que unir las partes. En mi entendimiento, “U Can Dance” fue mitad Ferry y mitad Hell, y alcanzamos algo único. Conseguimos una canción con un aura especial.

 JP: Sueles ser mencionado como un productor visionario… Pero si tuvieras que usar esa palabra para referirte a alguien más, ¿a quién llamarías así?

 H: Productores innovadores son Derrick May en los 80 o David Bowie con Brian Eno en los 70. Creo que los productores se han vuelto la figura más importante en el negocio de la música en los últimos años. Pienso en Trevor Horn y Frankie Goes To Hollywood o en Rick Rubin y Slayer, Run DMC, johnny cash… O Giorgio Moroder para Donna Summer, Conny Plank para D.A.F. o Brian Eno para Talking Heads…

 JP: ¿Cómo han mutado tus intereses como productor desde tus inicios a tus trabajos más recientes?

 H: Siempre he pensado como productor cuando escucho música. Mis pensamientos son siempre del tipo: “Yo cambiaría esto aquí y pondría algo allá, o esto necesita una parte rítmica más larga o las voces deberían estar más al frente”. Todo ese trabajo que un productor debería hacer. Los grandes productores siempre quitan todo en el estudio y se concentran sólo en lo más importante. La música que solía producir era música principalmente análoga, con teclados viejos. Y hoy trabajo con verdaderos músicos, y al mismo tiempo todo se hizo muy digital y virtual.

 JP: ¿Y cómo se han transformado tus intereses como DJ desde aquellos primeros sets de hace más de 20 años?

 H: Todavía sigo tomando riesgos cuando toco en clubes. En esencia es lo mismo, porque sigo enamorado del sonido del vinil y todavía lo uso. Aunque el trabajo original de un dj para mí sigue siendo dos tornamesas y una mezcladora.

 JP: Pareciera que la línea que separa una buena canción de una gran canción se estuviera difuminando. En tu opinión, ¿qué hace una buena canción y qué hace una gran canción?

 H: La fórmula es muy simple: tienes buena música o tienes música regular. Algo extraordinario o música atemporal, que estará ahí para siempre, no es algo que suceda mucho en la actualidad. Pero por otro lado, hay tanta música inspiradora que es difícil estar al tanto. Hay muchos grandes productores y djs por todo el planeta…

JP: ¿Qué debe tener una de tus canciones para que la consideres terminada?

H: Esa es la parte más difícil de ser productor. Nunca está terminada o cercana al sonido perfecto, porque al día siguiente de que cierres un proyecto siempre encontrarás algo. Pero con los años, aprendes a decir: “Lo tenemos, vamos a cerrar este libro, ya está”. Para mi último disco, Teufelswerk, llegó un momento en que dije: “No puedo hacerlo mejor, esto es lo mejor que he hecho, y estoy listo para publicarlo”.

JP: ¿Y qué debe tener una canción de alguien más para atrapar tu atención o incluirla en alguno de tus sets?

H: Es muy sencillo: tiene que ser innovadora, no una copia de algo. Debe tener una línea de bajo mágica o algo que nunca haya escuchado. O simplemente un toque especial o unas voces increíbles. Una gran canción, un beat perfecto. Algo que me toque y, con suerte, que luego toque a los demás cuando la esté tocando.

JP: En una entrevista que te hice hace unos cinco años, me decías que te gustaba tocar sets largos para poder decir más. ¿Cómo suelen ser tus sets hoy?

H: Hoy, soy feliz tocando dos horas y poniendo todo en ellas, pero la mayoría del tiempo llego a sets de tres, cuatro o cinco horas. Cuando tocas más, necesitas probar algo extra, de manera que vayas a zonas más profundas. Puedes hacer más experimentos en sets más largos y mostrar todo lo que tienes. Y la historia que estoy contando es la de siempre: “Me, myself and I”. Un viaje personal. Muestro todo mi DNA.

JP: Para terminar, cuéntame: ¿sigues prefiriendo tocar tracks inéditos sobre todo lo demás?

H: Por estos días estoy tocando mucho de eso que llaman nuevo deep house berlinés. Me gusta tocar house y techno de todos colores y en todas direcciones. Pero necesito ver a la gente y sentir la atmósfera del club, necesito verles los ojos y verlos bailar y moviéndose.

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