"México es un país totalmente quedado en los ochenta": Mario Lafontaine en charla con el Antiguo Autómata Mexicano

“México es un país totalmente quedado en los ochenta”: MARIO LAFONTAINE en charla feisbuquera con el ANTIGUO AUTÓMATA MEXICANO

Mario Lafontaine es un nombre y un personaje que resalta en dos ámbitos que en México están divididos por un abismo enorme en nuestro tiempo: la cultura “subterránea” (¿aún existe?) y el mundo de la farándula televisiva. Es por igual el “experimentalista” iniciador de los collages sonoros o “mash-ups” como se les llama hoy, con María Bonita en los 80, como también productor de “artistas prefab” como él dice, para Televisa. Culpable entre otras cosas de Timbiriche y de las Tropicosas por igual, pero también una especie de auténtico Eslabón Perdido de la cultura nacional y elemento iniciático de los “modernillos” del sur del D.F., cuando el sur de la Ciudad de México era el núcleo “modernillo” antes de dar paso a la ética y estética del “Mall Center” que a todos nos engulló.

Lafontaine es un sobreviviente de una cultura que se vino a pique, aquella que dio orígen a las industrias culturales nacionales que estaban constituidas no sólo por los estrellas de la pantalla y cantantes de moda, sino por escritores, escenógrafos, productores, arreglistas, etc, que provenían de la llamada “intelligentzia”; Mario maneja un discurso único para entender la cultura popular y populachera, al mismo tiempo que un entendido de las “vanguardias” musicales de su tiempo. Con un toque entre perverso y chacotero, entre sofistique y simplón, entre intelectual y trashy, Lafontaine viene desde los años ochenta expresando esa esquizofrenia cultural nacional de una forma única. Su desolladero de los personajes del show-biz en programas como Nocturninos tiene más post-punk que chisme y es más apasionado y exterminador que los “mata emos” en las calles de la ciudad.

Mario ha construído su persona y su personaje al mismo tiempo, sobre la base de reconocerse abiertamente Gay, antes de que eso fuera “políticamente correcto”; antes, durante y después de las fiestas Post-Todo de Fadanelli, Lafontaine ya estaba ahí. Antes, durante y después de los Nuevos Ricos y su “retro-basura-chic”, Mario ya estaba ahí. Rafael Tonatiuh le plagió (inconscientemente, creo) la estética acid-infantil de “Amanecer En Disneylandia”, película que bien pudo haber protagonizado Mario. Antes del “karaoke guerrilla” de Guadamur, Lafontaine ya estaba ahí también. Y cuando México despierta de la sobredosis de nadería atavista confundida con nihilismo pop-puñetero tan de moda hoy, Lafontaine se reinventa a través de su web cam y su toma de partido por el universo Facebook, en donde como buen junkie on-line nos ofrece diariamente una selección de música, imágenes y anécdotas, mientras se prepara para aparecer hasta en tres televisoras, reafirmando el eslabón de cadenas disímbolas como Televisa Networks, MVS y Canal 22 ¿A fin de cuentas no son lo mismo?.


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