Emika o el dolor como inspiración

Emika o el dolor como inspiración
por Jesús Pacheco
Fotografías: Liz Eve

Se cuenta que Emika (www.emika.co.uk) estuvo a punto de morir luego de una cirugía que tomó rumbos aciagos. Había acabado en el hospital luego de meses de arduo trabajo en la época en que estaba por finalizar la universidad. Y según cuenta, la peor parte de todo aquel lío con su salud fue más bien reintegrarse a la sociedad. Las altas dosis de morfina recetadas por los doctores le hacían difícil la tarea.

Varios años antes de que eso sucediera, cuando tenía 11 añitos, Emika escuchó China Girl, de Bowie, en casa de sus abuelos. Por primera vez, puso atención en la música que salía del reproductor de cassettes y se dio cuenta de que ella quería hacer eso: producir sonidos que causaran algún efecto en la gente. Luego estudiaría piano, aprendería producción, se enamoraría del techno y acabaría en aquel hospital.

Hoy debemos agradecerle al destino que Emika siga entre nosotros, que sus abuelos hayan tenido tan buen gusto y a sus obsesiones que nunca le hayan permitido realmente reintegrarse. Emika puede perfectamente ser descrita como una inadaptada que prefiere pasar más tiempo en el reino de los sonidos que en cualquier otro lugar. Basten dos anécdotas para subrayarlo:

1) Cuando se mudó de Bristol a Berlín, de inmediato quedó enganchada al Berghain, donde pasó abundantes horas… Pero no enfiestando, como podría pensarse. Hacía grabaciones de campo que luego daba a los djs residentes para crear los tracks que terminarían en el disco del quinto aniversario de Ostgut Ton.

2) Para Double Edge, el que fuera el segundo sencillo de su álbum debut, decidió grabar tanto los sonidos como la voz en Die Teufelsberg, una estación de radar utilizada para espionaje situada en la Colina del Diablo, una montaña artificial construida con el cascajo de Berlín tras la Segunda Guerra. Se cuenta que el sitio tiene una peculiar acústica, así que Emika no quiso desaprovechar la oportunidad de grabar ahí.

¿Suena freak? Lo es. Pero es de esas pasiones bizarras que nuestros oídos terminan por agradecer. De Emika se ha dicho que utiliza su voz y sus propias obsesiones para crear algo único. Justo eso deseaba ella. Lo tuvo muy claro desde aquellos años de formación musical en los que comenzó a hacerse preguntas y todo tipo de retos. Quería evitar a como diera lugar caer en el error en que caen muchos de ir recorriendo caminos sobre los pasos de otros que ya pasaron por ahí.

Ella se propuso encaminarse por rumbos desconocidos guiada por el interés y el entusiasmo que le provocaba el sonido. Mientras tanto, conocía las entrañas del mundo de la música –fue becaria por un mes en Ninja Tune, trabajó como diseñadora de audio en Native Instruments…– e iba puliendo ese maravilloso disco debut, Emika(Ninja Tune), en el que se hace dos o tres preguntas incómodas, se muestra compleja o abiertamente contradictoria e, incluso, se atreve a crear un tema minimalista y conmovedor sobre los ligues de una noche o uno más sobre la manera en que la industria musical utiliza la amistad como una forma de control.

“La tragedia se convierte en música en mi corazón”. Esa frase usó en la entrevista que respondió para Afterpop cuando le preguntamos cómo le hacía para hacer electrónica tan conmovedora.

JP: Hay gente que quiere vernos bailar con su música, otros que quieren vernos llorar, unos más, bailar llorando. ¿Tú qué quieres hacer con nosotros?

E: Quiero recordarle a la gente que está viva. Quiero recordarles que no van a vivir para siempre. Me gusta contactar con sentimientos que vayan más allá del amor/odio, de lo triste/feliz. Con mucha frecuencia, las letras de las canciones repiten una y otra vez emociones y significados que se quedan en los colores primarios. A mí me gusta llegar más allá de esos colores para encontrar esas formas y tonos hermosos que perdimos hace siglos.

JP: Te has referido a tu música como “subvox”. ¿Era una broma? ¿Era un guiño? ¡Explícame, por favor!

E: Ninguna broma, tal vez un poco de hiperrealismo. He crecido frustrada de que se refieran a lo que hago como dubstep, techno pop, trip hop, electrónica femeninos… ¡Laa, dee, daa! Así que mejor creé el nombre de mi propio estilo, para así evitar enojarme durante las entrevistas. Tener una palabra, Subvox, es una respuesta que los deja satisfechos sin tener que explicar mucho.

JP: Has mencionado el arte de la tragedia como uno de los ingredientes de tu música. ¿Cómo le haces para transformar la tragedia en arte?

Sintiéndome bendecida de estar viva… La tragedia se convierte en música en mi corazón.

JP: Entre tus influencias sueles citar al Berghain. ¿De qué manera tus noches o fines de semana en el Berghain han alimentado tu música?

E: En el Berghain comencé a entender la música físicamente. La gente, los dj’s, el baile y la libertad juntos son una cosa maravillosa. Pasar tiempo en un mundo maravilloso prende fuego a mi estómago, y necesito calor para componer música.

JP: Y con esa mención al Berghain supongo que tus años en Berlín han sido fundamentales en tu estética. ¿Te mudaste a Berlín con el objetivo de alimentar tu visión musical?

E: Estaba huyendo de una experiencia traumática en Bristol. Una familia amorosa de Berlín me contrató como niñera de tiempo completo. Me encantaría decir que conocía toda esa cultura sorprendente y bien establecida de música electrónica aquí en Berlín, pero no tenía ni idea. Decidí mudarme de Bristol a Berlín y, once días después, estaba parada aquí con una maleta y algunos euros.

JP: Sueles citar a Marcel Dettmann como tu muso. ¿Tanto así?

E: Escucha sus discos… Ve a verlo pinchar por 10 horas sin parar… También se volverá tu muso. El techno corre por sus venas. Puedes probar y hacer techno, pero nunca será tan significativo como cuando viene de Marcel.

JP: Has dicho que sientes que falta vocabulario en el campo de la música electrónica. ¿A qué te refieres con esa carencia?

E: Necesitamos más palabras y maneras interesantes para describir la electrónica más allá de “suena como…” o “se parece a…”. Siento que estoy dejando de lado vocabulario que podría usar para describir de verdad la música electrónica de una forma que todos pudieran compartir y entender. La música tradicional tiene un enorme y bien desarrollado vocabulario que los medios podrían adoptar para escribir al respecto. La música electrónica tiene predominantemente revistas sobre dj’s, sistemas de evaluación y espacios para los lectores que suplican ser ocupados por tus comentarios, y hay montones de periodistas que sólo escriben: esta chica suena como esta otra chica que suena como esa otra pero no tan oscura, y todas juntas son un poco pop y un poco electrónico, pero femenino. Por cierto, lo femenino no es un género. Estoy deseosa de que llegue el día en que en las primarias enseñen a los niños de música electrónica.

JP: A manera de consejo para quienes aspiren a ser artistas electrónicos has dicho que deberían desechar todas sus creaciones que sonaran similar a cosas que ya existieran…

E: Eso no es exactamente lo que dije, pero es un punto interesante. Si pudiera dar consejos, algo que habría deseado que alguien me dijera cuando comencé es que se mantuvieran en la búsqueda, en el descubrimiento y la exploración de sus ideas. Ese tipo de concentración y disciplina crea una energía única para ti, y ese es un gran punto desde donde crear música.

JP ¿Cómo fue concebido el arte para tu disco? ¿Quién escogió esa imagen tuya?

E: ¡Liz Eve! Es una amiga fantástica de Bristol que hace hermosa fotografía. Estuvo conmigo un par de días en Berlín y anduvimos recorriendo la ciudad. Ella descubrió un hotel precioso en el lado oeste y engatuzó al dueño para que nos dejara usar un cuarto por un par de horas para una sesión de fotos. Consiguió que nos hiciera un gran descuento explicándole que era sin motivos comerciales. La foto de la portada fue seleccionada por ella de entre las que tomamos aquel día en el hotel.

JP: Pareciera que el juicio entre lo que se considera una buena canción y una gran canción se estuviera difuminando. Para ti, ¿qué hace una gran canción?

Una gran canción está escrita y ejecutada por la misma persona, la composición y su interpretación vienen de un solo corazón. Una gran canción no necesita miles de productores para cobrar vida. Una gran canción no tiene sampleos reciclados de otra música. Una gran canción no tiene fecha de caducidad para hacerla valiosa en este instante, y 99 de cada 100 canciones necesitan lo que mencioné anteriormente. Lo triste es que la mayoría de la gente cree que eso es lo que se necesita para el éxito, pero el éxito musical es un mundo totalmente diferente.

JP: Qué vida deseas para tus canciones?

E: La eterna juventud.

JP:Te has referido a la dance music como aburridísima. ¿Hay algo que esté estimulando tus oídos por estos días?

E: Absolutamente todo lo de esta tienda es pura finura garantizada: http://hardwax.com.

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