Al intentar hacer una lista de los discos del 2011 me doy cuenta de que pocas veces sé de qué año son los discos que escucho; de que mi acervo musical es más bien corto y, por variopinto, impresentable; de que mis hábitos de escucha han cambiado mucho (gracias a los servicios de streaming, a la accesibilidad de los conciertos, a la oferta abrumadora de grupos nuevos y buenos, etc); de que mi experiencia musical anual la da la suma de conciertos, ruidos, conversaciones y sí, también, a veces, discos.
Aquí mi lista de música (y su circunstancia) del 2011:
1. El concierto de Wire (La Machine du Moulin Rouge, París, mayo 2011) como el mejor peor del año. Wire que no cedió ni un ápice ante su público expectante y tocó lo que se le pegó la gana. Graham Lewis que bajó del escenario a un fan borracho con la amenaza de que si subía otra vez lo mataba. Wire que se pierde en una reverberación infinita y estridente y me deja tinnitus permanente de recuerdo. Este concierto cambió literalmente mi forma de escuchar. No, Wire, I am the fly.
2. El pop francés independiente, ligero y aéreo que en 2011 se portó mejor que nunca, aferrado a sus referencias (Paddy McAloon , Andy Partridge, Sean O’Hagan, Brian Wilson y hasta algo de música concreta). Please Don’t Blame Mexico (Concorde, Sauvage Records, 2011), François & The Atlas Mountains (E Volo Love, Domino, 2011), Lispector (Outsider Art Therapy, autoeditado, 2011), Petit Fantôme (Yallah, Animal Factory Industries, 2011) y algunos más. Cínicos abstenerse.
3. Veronica Falls. El disco (Slumberland/Bella Union, 2011), los EPs (Trouble Records, 2010), el concierto (Nouveau Casino, París, septiembre 2011). No son originales, ni los mejores y quizá no se queden por mucho tiempo, sin embargo han sido mi crush del verano-otoño. Un romance de vacaciones como el que tuve con The Pains of Being Pure at Heart. Nos conocimos, nos gustamos, nos dijimos hasta pronto. Hasta la próxima revelación indie.
4. Mi vecina adolescente y sus amigas aprendiendo cada tarde de primavera del 2011 la letra y coreografía de Only Girl de Rihanna. Y yo, muro de por medio, con ellas. No puedo oír esa canción sin bailarla, les ruego me disculpen.
5. Pasar la hora del té (y pastelitos) con Momus y hablar durante dos horas de: Billy Idol, el estupro, lo qué piensa David Bowie de la democracia, Bertolt Brecht, el regreso de Sarah Records, el cristianismo, la Patafísica, el Sindicato Nacional de Hipnotizadores de Francia, John Peel, Georges Perec, el Aleph, la microcelebridad, Las crónicas de Narnia, The Kirk (la Iglesia de Escocia), las listas de discos de fin de año…
6. Los diez discos de Mute Audio Documents «1978 – 1984» (Mute, 2007), añadidos este año a Spotify. Creo que no hay playlist que haya hecho o escuchado durante el 2011 que no haya echado mano de esta compilación. Por donde se le pegue salen dulces.

7. Tom Johnson y sus Rational Melodies (con Dedalus y Didier Aschour) (New World Records, 2010). Un disco al que dan ganas de hacer una película. Tom Johnson que, por si fuera poco, está casado con Esther Ferrer. No confíes en nadie que no haya nacido en los treinta. Johnson y Ferrer son mis Lou Reed y Laurie Anderson pero con dignidad.
8. Samuel Beckett: Piano Solo (Les Disques Oboro, 1989) de Raymond Gervais, colgado en mi muro (el mismo que me separa de las fans de Rihanna) todo el año. Un disco que no es un disco, tal como me gustan.
9. El combo Espanto-Austrohúngaro (Ísimos y Érrimos, 2011). Pero también el Espanto autoeditado del 2005 al 2007. Y el Espanto de Birra y Perdiz del 2007-2008. Espanto en la portada de EP3 de El País. Espanto, sí, el gran “pop de las cosas pequeñas”.
10. El inesperado regreso de Electrelane para los festivales de verano, incluso si me lo perdí, incluso si incipiente, incluso si reversible. Crucemos los dedos.

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