"Siempre digo que hay que volver a hablar de música, no sólo escuchar música" : Javier Piñango entrevistado por el Antiguo Autómata Mexicano.

“Siempre digo que hay que volver a hablar de música, no sólo escuchar música” : Javier Piñango entrevistado por el Antiguo Autómata Mexicano.

Conocí a Javier Piñango alguna noche en la Sala Nasti de Madrid, gracias al siempre recordado Cocó Cïelo, quien fuera parte de una de mis bandas favoritas “españolas” del indie noventas: Silvania.  Después de comentar algunas cosas en el backstage con los ingleses Isan, quienes se habían presentado aquella noche, Piñango nos dirigió a un bar oscuro y humeante, en donde pudiéramos sentirnos más a gusto con nuestras humanidades oscuras y humeantes por igual. Ahí me contó algunas cosas de su proyecto principal como promotor, el festival Experimentaclub, asunto por el cual siempre lo había yo tenido presente.

Encontrármelo en Facebook generó años después un diferente intercambio de ideas, esos guiños secretos que hacen crecer la vinculación con el  “I Like” en la red social; Coil o Can, el “Aleti” o el ascenso de los “aguiluchos” (neo franquistas disfrazados de demócratas que besan el escudo de la bandera de España añorando en realidad la vieja insgnia del águila negra) en las recientes elecciones españolas.

Una de esas ocasiones estuve haciendo memoria “yutubera” en Facebook acerca de un sello de los 90 que nos marcó a varios asiduos al “under” en Monterrey. Triquinoise Records fue una compañía de discos que prefiguró en España el indie nacional, primero que nada porque se basó en una tropa de músicos que venían del underground más siniestro y a la vez retador de los años 80 con grupos como Mar Otra Vez y similares; de tal forma que Triquinoise lanzaba los nuevos proyectos de dos músicos de aquella generación como son Corcobado y Amor Sucio, además de rescatar a unos transfugas del rock argentino (el polo opuesto a la bobada del tal Calamaro y sus infumables Los Rodríguez) como fueron Petinatto del que editaron su banda hispano-argentina Pachuco Cadaver y Willy Crook (que alguna vez tocó con los Redonditos de Ricota). Bandas con las que se generó una especie de No-Movida al amparo claro de lo que había sido la No-Wave gabacha.

 

La banda que personalmente yo más amo de Triquinoise es, sin embargo, Superelvis (uno de cuyos miembros Anki Toner ha colaborado en varios proyectos con Mr. Piñango como Metamars y personaje punto y aparte en la música española posmoderna) y así en mis comentarios añorantes “feisbuqueros” Piñango me reveló que él había pertenecido al grupo de personas que estaban detrás de Triquinoise, así que no me dejó mentir sobre los orígenes y la importancia de esa label en el contexto del rock español contemporáneo, por lo que se me fue ocurriendo la idea de una entrevista, que por cierto, debió haber salido justo hace casi dos meses en Afterpop.tv, coincidiendo con su de presentación en el festival Radar de la Cd. De México.

 

Ahora finalmente aquí, mi charla on-line con uno de los hombres referencia de la avanzada musical de España.

Antiguo Autómata Mexicano: ¿Te visualizo en el círculo más maldito de las post-movida madrileña? ¿Me equivoco? ¿Dónde estabas tú desde la muerte de Franco hasta el ascenso comercial de esta movida?

 Javier Piñango: Cuando murió Franco (1975) yo tenía 13 años, camino de 14. Andaba siempre con amigos mayores y recuerdo que en aquellos años de mediados de los 70 me pasaba el día escuchando a T.Rex, Alice Cooper y mucho glam: Bowie, Slade, Suzi Quatro, cosas así. Pero en seguida me llegaron discos de onda progresiva por un lado (desde Neu! a Gong o Soft Machine) y al mismo tiempo, por pura conyuntura generacional, me encontré con el punk. En 1978, cuando tenía 16 años, ví en un festival a los Ultravox de John Foxx y aquello me marcó muchísimo.  Al punto de que sólo un año después me compraba un sintetizador, el glorioso MS20 de Korg.

 

En cuanto la movida y postmovida… Ufff, la visión que hay ahora mismo de todos aquellos años (1980-1985) es bastante irreal. Hay mucho mito pero sí es verdad que fueron años en los que Madrid se volvió una ciudad hiperactiva. Yo recuerdo ver conciertos todas las semanas en Rock-Ola (desde New Order a Killing Joke pasando por Tom Verlaine o Nick Cave…). Y de artistas nacionales lo que más me gustó siempre con diferencia fue Derribos Arias. Pero había vida más allá de la “movida”. Por ejemplo existían espacios de arte alternativo como Espacio P en los que se programaba performance,  conciertos (Esplendor Geométrico, por ejemplo), exposiciones, etc.  Y en esos años se originó una importante escena underground de música electrónica canalizada a través de sellos de cassettes, con los primeros trabajos de Orfeón Gagarin, Francisco López, los propios Esplendor Geométrico, etc.

En esos años yo sobre todo escribía (la música la tenía en segundo plano) Así que comencé a escribir en revistas musicales (cosa que seguiría haciendo hasta mediados de los 90). Y ya en 1988 monté un primer grupo junto a Jaime Munárriz que llamamos Cerdos: una mezcla pornográfica de noise, electrónica, blues y sonido industrial.

 

 AAM: ¿En aquellos finales de los 80, qué necesidad lleva a imprimir el sonido de todos estos rockeros extremos como Corcobado, Amor Sucio y similares bajo el sello Triquinoise?

JP: Trquinoise nació en 1989, en principio como un proyecto multimedia dirigido por Jaime Munárriz, Esther Berdión y yo. La idea no era sólo crear un sello discográfico sino también publicar objetos de carácter artístico, libros, etc. Estéticamente lo que queríamos era crear una plataforma artística arriesgada y transgresora, provocadora, oscura. En lo musical bastante influenciada por el noise rock y la no wave. Una vuelta de tuerca al rock llevándolo a posiciones extremas. Algo muy propio de finales de los 80. Recuerdo que en cierto modo la inspiración estaba en sellos como Widowspeak, el sello de Lydia Lunch. Todo esto en un momento en el que musicalmente predominaba  una escena mainstream bastante lamentable que venía de los tiempos de la movida y que había acabado totalmente estandarizada.  El caso es que dentro de esta idea estética que alumbró Triquinoise, artistas como Vamos A Morir, Corcobado o los primeros Amor Sucio encajaban al 100%.

AAM: ¿Eran tiempos con necesidades y posibiidades diferentes a lo que hoy se llama eufemistamente indie?

JP: Eran absolutamente diferentes, para lo bueno y para lo malo. Hay que tener en cuenta que en la España de 1990 se había desarticulado la escena independiente que se generó en los primeros años de la movida. Todos aquellos sellos acabaron desapareciendo o siendo pasto de multinacionales. De modo que a finales de los 80 eran muy pocos los sellos realmente independientes que había. Y por supuesto no existían aún distribuidoras independientes  de discos , justo las primeras llegarían en torno a finales de 1990 o ya en 1991. De modo que teníamos un enorme territorio desértico en el que desde Triquinoise vendíamos directamente a las tiendas, a menudo favorecidos por el propio desconocimiento de esas tiendas.

 

Eran tiempos surrealistas en los que de pronto uno podía vender 400 LPs en una sola mañana a una megatienda que compraba una media de 100 copias de cualquier cosa que se editara. Y no sabían lo que estaban comprando. Ya digo, todo muy surrealista. Por otro lado hay que tener en cuenta que en aquella época era carísimo todo el proceso discográfico: grabar, masterizar, fabricar, hacer la portada… Sólo en estudios de grabación te dejabas entonces un dineral. Y eso hacía muy difícil sobrevivir a sellos no comerciales como el nuestro. Pero lo cierto es que entonces indie no era una tendencia, era una realidad económica. Y una actitud. Creo que con el tiempo todo eso degeneró hasta convertirse en un “tendencia” y si me apuras en una simple etiqueta como las que se utilizan para etiquetar a tribus urbanas. Bastante absurdo.

Hoy  el equivalente a lo que entonces entendíamos como “independiente” serían los netlabels que apuestan por otra producción y difusión de música (electrónica básicamente) o espacios bastante underground (a menudo galerías o espacios multiusos) donde se programa de forma totalmente autogestionada.

AAM: Triquinoise: ¿fue un suicidio o un asesinato en masa?

JP: Las dos cosas. Para mí fue un suicidio porque en tres años, a mediados de 1992, el proyecto se desvirtuó y con la entrada de nuevos socios se apostó por una línea que poco o nada tenía ya que ver con la original. Esto hizo que para entonces ninguno de las tres personas que creamos Triquinoise siguiéramos con el proyecto (yo monté entonces Por Caridad Producciones junto a Javier Colis y Ajo). Así que para mí fueron tres años de una intensidad brutal y mucho, muchísimo vértigo, que acabaron estrepitosamente. Y ¿un asesinato en masa? Bueno, yo hablaría más de un intento de asesinato, jaja.

 

AAM: Todos aquellos nombres desde Willy Crook y Petinatto, Corcobado y Anki Toner, era como si se concentrara una tropa de tránsfugas intercontinentales ¿qué le imprimieron a la escena musical española?

JP: Transgresión. Lo que ocurre es que ahora, veinte años después, no todo aguanta el paso del tiempo. Es decir, lo que queda ahora es lo que más allá de esa propia transgresión era por encima de todo creativo, innovador y valiente. Por ejemplo Superelvis.

 

AAM: ¿Hay un punto en que el Do It Yourself se institucionaliza o se convierte en una especie de fórmula, cómo realizar proyectos que sigan siendo retadores, y aquí pienso en Experimentaclub?

JP: Depende. En mi caso el Do It Yourself  ha venido siempre motivado por algo bien simple: haz tú lo que no existe (o apenas existe) y necesitas. Por ejemplo,en Madrid y en cada momento, un sello, una revista o un festival de música experimental (abiertos a electrónica, improvisación, ruidismo, arte sonoro, etc). Es decir, o lo haces tú o nadie lo va a hacer. Pero evidentemente ha habido momentos en los que esto ha sido más necesario que en otros. La situación económica y su influencia en el panorama cultural tienen mucho que ver. Hoy, por ejemplo, con una crisis brutal que está reduciendo  a la mínima expresión los presupuestos para cultura, toma un impulso absolutamente necesario la búsqueda de nuevas formas no sólo de financiación sino también de producción y de creación. Y la autogestión, desde abajo, desde los sótanos del sistema, parecer ser una de las pocas fórmulas viables. En cuanto a Experimentaclub en sí, cuando surge en el año 2000 es en un panorama de ausencia casi total de festivales o programaciones de música experimental en Madrid. Ahora se ha cumplido un ciclo de diez años y esa situación ha ido evolucionando positivamente (mediados de década) para acabar siendo devorada por la crisis (ahora). De modo que hay que renovarse y reformular este mismo proyecto atendiendo a la realidad de ahora mismo. Y en eso estamos.

 

 

AAM: Experimentaclub ha hecho una especie de labor de ofrecer pistas históricas sobre la música de riesgo, antecedentes, reconocer las vetas genealógicas, digo esto porque también en esa “festivalitis” española se termina pensando que Interpol por ejemplo difumina a PIL.

JP: Absolutamente. Siempre he pensado que esto era fundamental: dar pistas, contextualizar, devolver una “cultura” musical que se ha perdido por la inmediatez. Siempre digo que hay que volver a hablar de música, no sólo escuchar música. Y eso en Experimentaclub ha sido algo prioritario desde el primer momento. Por eso hemos querido siempre ofrecer programaciones equilibradas en las que convivieran los referentes históricos y los artistas que hoy ponen al día esos mismos referentes. Por eso en estos diez años han pasado por el festival artistas históricos  como Faust, Cluster, Whitehouse, Wire, Psychic TV, AMM (Eddie Prèvost, John Tilbury y Keith Rowe), Tuxedomoon, Richard Kirk (Cabaret Voltaire), David Thomas (Pere Ubu), Carter Tutti, Chris Cutler.

AAM: Al mismo tiempo tengo la idea por la gente que ha asistido que Experimentaclub que ofrece experiencias abiertas para todo tipo de público y no sólo para expertos, que es el otro error que se comete cuando se quiere cerrar el conocimiento a círculos especializados

JP: También estoy de acuerdo con esto. Para mí siempre ha sido prioritario sumar. Crear una plataforma para acercar estas músicas al público y que el público pueda decidir si le interesan o no. Siempre me pareció un horror esa idea de ghetto, de círculo exquisito para sólo los entendidos, que a menudo ha marcado al arte sonoro y las propuestas experimentales.

Ha sido un camino largo el que ha recorrido el festival durante estos diez años (entre 2000 y 2010) en las diez ediciones que se han celebradado. No sé como será el futuro tras el parón que ha supuesto 2011 a causa de la crisis y los recortes económicos. Tal vez nos reinventemos creando un nuevo formato pensando ya en el próximo año. Pero como digo el camino ha sido largo y ha estado lleno de trabajo, satisfacciones, agobios (también) y sí, diversión. También lo hemos pasado de lujo, para qué engañarnos.

Cada año han sido meses de trabajo cerrando primero presupuestos, haciendo números todo el día, y luego diseñando la programación. Meses después de coordinación con la empresa de producción con la que trabajamos (La Nota, dirigida por Alex Graneri, inseparable compañero de aventuras). En los años en que más presupuesto hemos tenido, entre 2004 y 2007, hemos tenido hasta 50 personas trabajando en el festival entre producción, prensa y comunicación, técnicos, etc, etc. Un equipazo que siempre ha funcionado como un reloj con la premisa de que el artista, pase lo que pase, es lo primero.

Y luego, claro, está el festival. El “mientras”. Tiempo para disfrutar, dormir poco, hablar mucho… Y hacerse la noche madrileña, de whisky en whisky, en compañía de gente tan interesante como Jochen Irmler (Faust), Felix Kubin o Jason Forrest (por ejemplo). Ahhh, si las paredes de los camerinos hablaran: el anecdotario festivalero va desde gente que te piden seis botellas de absenta hasta otros que te piden una marca de champú, pasando por gente que…mejor callar ja, ja.

AAM: ¿Si tuvieras que hacer una visión de conjunto de lo que pasa hoy en la música española experimental, qué percibes?

 JP: Mucha y muy buena actividad. Hay una panorama realmente interesante de netlabels y artistas de mucho nivel, muy personales además.  El problema es cómo hacer más visible ese panorama, cómo atraer más público. Hay una falta de normalización en ese sentido, una falta de infraestructuras que permitan solidez: espacios que programen con continuidad, mayor difusión en medios, ayudas, etc. Pero poco a poco se está construyendo un nuevo paisaje y una nueva forma de entender  la difusión de los sonidos experimentales. Son tiempos de cambios.

 

Al final de la entrevista le pedí a Piñango que nos hablara de Madrid por una parte, porque se nota que él es un viejo lobo de la capital española y de México por otra, a donde ha venido y dejado huella en sus fotos que también ha puesto bien en práctica los excesos posibles (mezcal y carnitas para emepzar) en la megalópolis; estas pinceladas fue lo que nos dejó:

Madrid 2011:

“Ufff, de entrada con Madrid tengo desde hace años (o quizá desde siempre) una relación visceral de amor/odio que a veces resulta casi imposible de soportar. Soy de esta condenada ciudad. Y eso no tiene remedio. He visto a Madrid ser un hervidero creativo (en algunos momentos de finales de los 70 y los primeros años 80) y la he visto también ser un páramo en donde apenas pasaba nada. Hoy, con esta crisis a cuestas, Madrid es una ciudad que intenta sobrevivir. Más que nada. Pero tengo que admitir que siempre ha tenido una energía especial.

En resumen, Madrid es una superviviente (o algo así).Mientras tanto, en mi caso, yo también intento sobrevivir (ja, ja). Malos tiempos para la cosa cultural. Pero ahí estamos, de pelea diaria tratando de sacar adelante mil proyectos. Compaginando eso tan habitual de ser artista (oloquesea) y programador, todo a un mismo tiempo. Atento a lo que sucede a mi alrededor (muy buenos artistas en la España de 2011 en esto de la experimentación sonora, mucha actividad subterránea) y trabajando en mi actual proyecto sonoro en solitario: i.r.real…”

México:

“Musicalmente me parece uno de los referentes en arte sonoro y experimentación de los últimos años. Aunque ya estaba al tanto, me impresionó mucho el año pasado, cuando estuve también allá, la importante escena que hay: artistas, festivales, centros de producción, ciclos… y público, también público. De hecho no sé si los mexicanos son del todo conscientes de esto. Pero un país que tiene festivales como Radar, Aural, espacios tan interesantes y productivos como el CMMAS de Morelia, y artistas como Manuel Rocha Iturbide, Rogelio Sosa, Rodrigo Sigal, Israel Martínez o Juan José Rivas, por sólo citar unos pocos, es muy muy importante en esto del arte sonoro y las músicas experimentales.

Pero hay más. Es un país que te fascina y te impresiona pero nunca te deja indiferente. Es EXCESIVO en el sentido más amplio del término. Tremendo. Bulle, hierve, tiene electricidad, te satura y a la vez te engancha como una droga dura. Dudo que pudiera vivir en una megaciudad como el DF… Es más estoy seguro de que no podría, pero aterrizas allá y te pone a mil por hora los sentidos. Mucho mejor eso que una de esas ciudades asépticas que no inspiran nada de nada de nada…

 Y si a todo esto le unimos una debilidad personal por el tequila y el mezcal que viene ya desde hace muchos años… Y las lecturas obsesivas de ciertos pasajes literarios de Malcolm Lowry… Y las películas mexicanas de Buñuel… Y la muerte… En fin, si le añadimos algunas conexiones más entre Europa y México en clave mexicana, el vértigo se traduce en pasión, bajas pasiones… Ayyy, me acuerdo de alguna noche en el Covadonga comiendo/bebiendo (algo que sólo se hace así, a la vez y del tirón en México) y ya me entran ganas de beberme un Don Julio reposado…”

 …eso sería lo único en que quizás tendríamos que corregir a Javier Piñango e invitarle a probar la próxima vez un Corralejo.

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  1. afterpopAdmin

    Qué chingonería de entrevista. QUé bárbaros.

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