NewVillager

NewVillager
por Daniela Franco

Así de entrada, NewVillager cumple los requisitos para ahuyentar al oyente precavido y suspicaz (es decir, cínico).  Este colectivo artístico multimedia con Ross Simonini y Ben Bromley a la cabeza de una docena de artistas visuales, “videoastas”, y escritores define sus conciertos como “eventos integrales” y “rituales de inmersión”; Ellos mismos se erigen en “chamanes pop en la búsqueda meticulosa de un nirvana musical” que desean “tejer una mitología a través de su música”, la cual describen como “una mezcla entre Michael Jackson y los Beatles”.

 – Pero ¿por qué te damos la impresión de ser pretenciosos? ¡La palabra “pretencioso” tiene tan mala reputación!– pregunta con sincera preocupación Ross Simonini, también editor de la revista The Believer.

La tarjeta de presentación de NewVillager había sido hasta ahora el video de «Light House» (dirigido por Ben Dickinson, también miembro del grupo). Un video/performance lleno de referencias al arte y, sí, a mitologías paralelas. Ningún critico musical pierde la oportunidad de mencionar las referencias a Matthew Barney y Jodorowsky (a mí me ofende la omisión de Joan La Barbara, estando ahí, tan al alcance); pero al grupo le gusta más hablar de Mircea Eliade y los “monomitos” de Joseph Campbell.

 – Son tan una banda de escuela de arte– le digo como si inocente de tal cosa.

– ¿Sí? ¿Te parece? Nos lo dicen todo el tiempo.  En realidad yo estudié música y literatura.

NewVillager presenta en La Flèche d’Or en París su primer disco, recién editado por IAMSOUND. El grupo (que en concierto se reduce a un trío) comparte cartel con lo que, por tediosas, parecerían ser diez bandas pero en realidad son tres. Como todo grupo respetable ellos son sus propios roadies y escenógrafos. Cuelgan pedazos de tela por aquí y por allá, decoran el escenario con amuletos para ahuyentar a los cínicos. Ross Simonini lleva el pelo larguísimo y barba y sube al escenario descalzo. Ben Bromley lleva jersey de cuello en V y gazné.

Ya. Piden mucho de nosotros estos NewVillager. Pero dan con la misma abundancia.

La música de NewVillager se parece poco a las descripciones que la banda azuza. Si uno cierra los ojos y se concentra en la música es más fácil ver a Hall & Oates que a «La Montaña Mágica». Entre las referencias que los blogs musicales aventuran hay de todo, desde Polyphonic Spree hasta Sparks. No confundamos. La música de NewVillager da más ganas de Llenar Tu Cabeza de Rock (los mayorcitos entenderán la referencia) que de salir a cazar hippies (mi reacción personal con colectivos como P.S.). Lo de Sparks es muy prematuro pero no descabellado. O al revés. O ambos.

Hay pistas más precisas para entender a NewVillager en lo que hace, que en lo que dice: en su página web cabe lo mismo Joseph Beuys que Prefab Sprout, clips de audio de Erin Brokovich, topografías y proyectos de ficción y mucho Randy Newman. Dickinson hace videos tanto para The Juan MacLean como para Q-Tip.

Difícil saber si la descripción que hace el grupo de sí mismo, tan obscura como lejana de su producción musical, es una excentricidad o una ingenuidad. Hace poco oí a Hal Hartley decir que su principal influencia formal son los diálogos de MASH y temática, la escena de George Harrison y las camisas en «A Hard Day’s Night». Whatever.

El concierto termina, recogen el tinglado y pasamos al lounge. El baterista (es sabido desde la antigüedad que toda mitología que se precie se reduce a un sinte, una batería y una guitarra) pide disculpas por ponerse tapones en los oídos para descansar. Bromley mira al horizonte, exhausto con razón después de una gira exprés por toda Europa (“en Londres tocamos en una especie de burdel”) y a Ross Simonini le preocupa el público francés, siempre entre frío y hostil.

–Así son – lo tranquilizo al tiempo que me meto solita en un berenjenal: –Me pregunto además si los franceses entienden las referencias en la música de NewVillager.

– ¿Crees? ¿Cómo qué referencias?

–… ¿Soft-rock?

– ¡Nos encanta el soft-rock!

– (Suspiro de alivio).

– Te voy a decir un grupo y tú me dices si te parecen pretenciosos – el tema lo ha dejado preocupado en verdad – Talking Heads.

– Absolutamente pretenciosos.

– (Suspiro de alivio). ¿Pero en un buen sentido, no?

– Sí, dime otros.

– ¿Animal Collective?

– Pretenciosos pero no en el buen sentido– digo injustamente porque no los conozco lo suficiente.

– Ah, no te gusta Animal Collective. ¿Qué tal Dirty Projectors? ¿Te gustan? ¿Son pretenciosos?

Y así jugando, Ross deja en tres referencias mucho más claro por dónde van los tiros.

 – Es que a mí no me parece que ser pretencioso sea necesariamente malo. La pretensión es buena si puedes permitírtela, si lo que produces es bueno y, sobre todo, si no te tomas muy en serio.

– ¿Nos tomamos muy en serio? Espero que no.

– No – le digo. Lo cual es una verdtira. NewVillager no se toma en serio al tiempo que da la impresión de hacerlo.

Empieza el siguiente grupo cuyo nombre he preferido olvidar.

– Este grupo no es nada pretencioso –me dice Ross, pero no le escucho bien.

– ¿Me lo preguntas o lo afirmas?

– Dije que este grupo no es pretencioso –repite gritando

www.newvillager.com

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