Murcof. AntiVJ

De Murcof

por Bartolomé Delmar

Hablamos del juicio. De cómo en los procesos de producción digital no se debe actuar con locura impulsiva, sino con la profunda sensatez de la meditación. De cómo sentir el sonido, con la profundidad sensible que aquello requiere. Hablamos de entender las reglas del juego musical con tal naturalidad que se trascienden. Fernando Corona, moteado Murcof en el espacio mediático, puede adjudicarse el título de revolucionario por el simple hecho de su propia mesura. Los sonidos empleados no son del todo nuevos, pero sí su tratamiento: al fin encontramos lo sublime, lo verdaderamente inmaterial, en el limitado terreno del software.

En un puñado de discos, editados por Static y Leaf, se encuentran los verdaderos golpes sensibles de la música electrónica: de Martes (2002) a The Versailles Sessions (2008) se ha refinado esa denzura, tan propia de Corona, en donde las cuerdas y otras tesituras de lo clásico sirven de vehículos sonoros para transportarnos a lo más íntimo, dulce y doloroso de lo sensible. Pareciera que no es nadie más el que se ha atrevido a juntar en el espacio aural la lógica propia de la contemplación.

Y el término no se utiliza a la ligera, contemplación. Como si los paisajes no fueran de Murcof, sino inherentes a todo lo humano; se nos invita a ver la grandeza de un sonido que no pertenece a nadie, que nos trasciende. De ahí, quizá, el sentido de sus referencias al Cosmos, a la Utopía, a los viajes épicos de Ulysses. La música abraza, enloquece, conmueve. No hay más que sentarse ahí y tratar de aguantarlo todo.

En la era de lo digital, o incluso antes, no encontramos demasiados referentes. Compartir los años con un explorador del tamaño de Murcof debe asumirse como un privilegio.

Murcof – Una by pennywise

De AntiVJ

Se lee en la entrada del sitio del proyecto europeo: “ANTIVJ es un sello visual, iniciado por un grupo de artistas cuyo trabajo está enfocado en el uso de la luz proyectada y su influencia en nuestra percepción“. El concepto se entiende medianamente aparatoso, quizá rayando en la pretensión, pero parte de una idea fundamental ahí plasmada: n u e s t r a  p e r c e p c i ó n. 

Los juegos de luz no se abarrotan como clásicas y planas experiencias de sinestesia. La impresión sobre nuestros ojos no sucede gracias a divertimentos sencillos dentro de la doble dimensión o el plano frontal. Lo que anima es la inteligencia impresionante empleada en los campos espaciales, la hermosa condición de que, para nuestra visión, es raro encontrar episodios de luz tan desconcertantes y sorpresivos. Ahí radica el juego con nuestras percepciones.

¿Cómo medir, espacialmente, una imagen de profundidad aparentemente infinita? ¿Cómo manejar la idea de que un objeto inmóvil, por el simple hecho de la luz, es de pronto dinámico y de desmorona ante nuestros ojos? Los resultados, como el proceso, no son sencillos: refutamos la idea de que el arte debe de ser producto de la economización de sus herramientas. Mentira aquella del less is more. 

Los visualistas juegan a incorporar sus trabajos con algunos elementos, AntiVJ ha tejido una red de trabajo que, esencialmente, sirve como elemento central; la luz genera el efecto, pero el impacto de ése mismo efecto es la que ha hecho del “sello visual” una de las propuestas clave para el disfrute verdadero de la generación cultural contemporánea. De sus filas,

 

 

De la colaboración: entrevista con Simon Geilfusis (AntiVJ) y Murcof

por Luis Clériga y Bartolomé Delmar

AP: Es muy interesante ver una colaboración entre ambos, porque en ambos casos, musical y visualmente, hay una concepción muy profunda de sus áreas de trabajo. ¿Trabajaron separadamente, de una manera concentrada y comprometida, o fue un proceso de colaboración mucho más casual?

MURCOF: Un poco de ambos. Tenemos trayectorias independientes, y coincidimos en un momento en donde estábamos listos para colaborar, por decirlo de alguna forma. Una vez que lo hicimos, fue muy casual; comenzamos a jugar, a experimentar, y así se fue armando el proyecto.

AP: ¿Cómo es, en términos prácticos, que colaboran?

M: Tenemos esta especie de “residencias”, en donde nos visitamos por un tiempo y nos relajamos y jugamos.

AP: Eso suena casi imposible, porque el trabajo de ambos es increíblemente concentrado, denso.

M: Sí, pero estamos en un punto en donde eso sale naturalmente. Ya no hay que concentrarse.

AP: En la relación, ¿alguien de ustedes lleva la batuta?

SIMON GEILFUS: Mientras más nos conocemos, es más complicado ver en dónde empieza uno y acaba el otro. A veces es la música primero, a veces son las imágenes; la última vez, por ejemplo, Fernando estaba haciendo todo el proceso de animación mientras yo permanecía sentado.

AP: Así entienden con mucha mayor profundidad el trabajo del otro.

S: Así hemos creado una forma de trabajar.

M: Ha trascendido la relación creativa y se ha convertido, también, en una relación personal. Podemos intuir qué es lo que está haciendo el otro, ya hemos logrado anticiparnos.

AP: Si hablamos de tu música, Fernando, en el mejor de los sentidos, hablamos de una propuesta muy hermética. ¿Hasta qué punto crees tú que esto se pueda traducir visualmente?

M: Es cuestión de encontrar a alguien que tenga una sensibilidad similar. Lo demás se da de una forma completamente orgánica.

AP: En ambos casos, son cuerpos de trabajo muy referenciales para cada uno de los ámbitos: la música de Murcof, por sus sampleos y arreglos, es una “música sobre música”, y el ejercicio visual de AntiVJ solamente puede entenderse como un punto de evolución natural de los visualistas que han trabajado desde los años ochenta. ¿Hay riesgo de que, por esto, la colaboración se haga incompatible? ¿No tienen dificultades por eso?

M: No parece estar sucediendo. No creo que haya sucedido.

AP: Tu último disco, antes del trabajo de soundtracks, Versialles Sessions, es un disco muy intrigante. Quizá el más crudo de tu carrera. ¿Cómo llegaste a ese sonido, cómo concebiste el proyecto?

M: Fue muy particular. Me comisiaron para musicalizar uno de los jardínes de Versalles. Todo sucedió muy rápido: pensé que lo mejor era trabajar con músicos especializados en la época, los grandes iniciados en el trabajo de compositores Barrocos como Couperin, músicos de la Corte de Luis XIV. Los curadores contrataron a una orquesta de esa época, liderada por Eric Truffaz, y nos encerramos dos días en el estudio con instrumentos, también, de ésos años. Empezamos con partituras específicas, pero experimentamos hasta llegar al límite de los sonidos de esos instrumentos, interviniéndolos y sacando todo lo que podíamos de ellos. No hubo necesidad de procesar tanto; y entonces decidimos lanzarlo como disco.

AP: Era nada más un experimento.

M: Sí, pero Leaf se interesó en sacarlo como un disco.

AP: Me decías, Simon, que te interesa conocer los espacios en donde van a interpretar las piezas. El Teatro de la Ciudad tiene un escenario muy amplio. ¿Cómo lo manejas?

S: Tenemos una pantalla igualmente grande, armada con un material transparente en donde proyectamos las cosas. Eso logra que la imagen tenga muchísima profundidad, porque los visuales juegan al frente y detrás de la pantalla. Un teatro viejo, con ese tipo de luz, logra también generar la ilusión de que no sabes en dónde está sucediendo la interpretación y en dónde es que están los juegos de las imágenes.

AP: Perderse en la experiencia.

S: Claro. El punto es lograr que la gente olvide en dónde está. Que olvide todo más allá de la experiencia sonora y visual. Que no piense en lo técnico. Perderse en la experiencia estética.

AP: ¿De qué formas ha evolucionado el proyecto, desde un principio y hasta ahora?

S: Desde el principio trabajamos muy rápido. Han cambiado algunas cosas, pero la música está muy trabajada, es muy visual, entonces queda de mí jugar un poco más con los niveles de la imagen, con su profundidad, y creo que hemos llegado a puntos que nunca imaginamos desde un principio. Es un trabajo muy orgánico. Nos complementamos increíblemente bien. Mejoraremos con el futuro, cada vez lo hacemos mejor.

AP: Hablando del futuro Fernando, ¿qué proyectos tienes en puerta?

M: A un nuevo disco todavía le falta bastante. Pero el proyecto con AntiVJ ha generado mucho interés, y vamos a tocar varias veces en el resto del año. También estoy trabajando con un artista gráfico y Eric Truffaz, músico que participó en el proyecto de Versalles, y vamos también a generar un trabajo multimedia, que mezcle la narrativa gráfica con el sonido. Y en Tijuana estoy grabando, con un amigo, a músicos huicholes; una aventura completamente nueva que generará alguna idea performática maravillosa. Hay muchos, muchos proyectos, todos pendientes de sentarnos a grabar algunas cosas. Me estoy expandiendo en muchos sentidos. Siempre estoy abierto a lo que sea en donde pueda aportar algo.

Murcof – Ulysses by Anders Bersten

 

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