Entrevista: Robert Henke/Christoph Bauder – ATOM

por RAFA VILLEGAS y BARTOLOMÉ DELMAR

El artista multimedia Christoph Bauder, fundador del estudio WHITEvoid, y el músico y también artista Robert Henke, ambos alemanes, presentarán en el marco del Festival Mutek MX la instalación multimedia ATOM. Las carreras de ambos personajes del ámbito creativo han estado muy vinculadas a la tecnología: a Henke se le reconoce mundialmente como uno de los creadores del Ableton Live, software de producción musical del cual ya se ha escrito mucho, mientras que Bauder ha recibido numerosos  reconocimientos: el año pasado fue acreedor al Premio de Diseño de la República Alemana, en 2009 recibió un premio Webby y en el 2009 un W3, entre otros.

Del trabajo en conjunto de Bauder y Hecker se creó ATOM, un show surgido de una instalación de Bauder; el creador no sentía la obra terminada, así es que pensó en músicalizarla, con Henke en mente, para llevar a cabo un proyecto más sofisticado. Así, la pieza de arte terminó incorporando iluminación, un montaje más intrincado y por supuesto, la música del responsable de Monolake, Robert Henke. ATOM es una matriz de sesenta y cuatro  globos de helio interactuando en vivo con música electrónica minimalistal, presentada por cuatro canales, durante 45 minutos/una  hora; los eventos sonoros, las patrones de luces y el movimiento de los globos son manipulados en tiempo real. En el 2008, Henke lanzó, en CD y vinilo, el documento sonoro de ATOM.

Esta es la conversación que tuvimos con ambos artistas sobre ATOM:

AP: Robert, sabemos que habías estado en México en otras ocasiones; de hecho, en la primera edición de MUTEK en nuestro país presentabas un proyecto sonoro relacionado con tormentas, y recordamos bien que durante tu performance comenzó a formarse una tormenta real.

CB: [Risas] Él siempre ha estado en control del viento. Estábamos en Guanajuato, y al final queríamos que el viento soplara muy fuerte para que ayudara a la interpretación. Las cuatro noches que estuvimos, el viento sopló fuertísimo.

AP: Así que lograste pasar de músico y productor a una suerte de chamán.

RH: [Risas] Sí. Mis éxitos ahora se miden a otras escalas.

AP: ¿Desde cuándo comenzaron a colaborar juntos? ¿El proyecto de ATOM evolucionó como lo pensaron originalmente?

RH: De hecho, no pensamos mucho sobre el futuro. Aún no lo hacemos. Pero estamos muy contentos de que la presentación todavía sea interesante para la gente, incluso para nosotros mismos. Porque siempre evoluciona; vamos cambiando pequeños detalles, tocada tras tocada, donde Cristopher va cambiando algunas secuencias, yo algunos sonidos, cosas así.

AP: ¿Es difícil lograrlo, técnicamente?

CB: Es muy complicado. En la primera versión que hicimos, estuve trabajando solo en los aspectos mecánicos durante un año, completamente solo. Ahora usamos máquinas programadas, que también exigieron otro medio año de trabajo. La tecnología detrás del proyecto es muy compleja, aunque el resultado estético sea muy simple.

AP: El nombre del proyecto, ATOM,  es muy claro y muy hermoso, cuando se piensa en éstos globos elevados y danzantes como moleculas que van componiendo una estructura atómica. ¿Les interesa esa relación, entre los mundos musicales y los científicos? 

CB: No necesariamente. Yo lo pienso más en términos de patrones, patrones tridimensionales. La idea original era crear pixeles tridimensionales, justamente, pues los pixeles son la forma más básica de la composición de imágenes. En éste sentido, sí, son como los átomos de la materia física, pero nos interesa más pensarlo en términos de impacto visual.

AP: ¿La intención, entonces, es más la de lograr una experiencia puramente estética que una reflexión conceptual?

RH: Es, como experiencia dual, bastante interesante: por un lado, está el lado técnico del proyecto. Hay una línea de globos, en una red rígida, que pueden dinamizarse a partir del ejercicio musical. Pero lo más interesante es olvidar la tecnología, olvidar el armado conceptual, y verlo como una narrativa muy hermosa en donde algunos puntos blancos juegan junto con la experiencia sonora. Hasta a nosotros nos sorprendió, y nos fascina, crear una experiencia emocional con 64 globos y algunos sonidos. No lo esperábamos.

AP: Vivimos en una cultura determinada por el mundo de las imágenes. ¿Cómo combinar ésta situación, tan enajenada ya, con el espacio sonoro? ¿Cuál es la importancia de ésta relación en la contemporaneidad?

RH: El proyecto solamente funciona por la combinación de ambas cosas. La relación es enorme; a la hora de componer la música, se partió de una serie de reglas muy estrictas, la primera siendo que ningún sonido podía ser independiente a lo visual, y viceversa. Todo lo que escuchas, lo terminas por ver. Esta rigidez implicaba, también, que el resultado tenía que ser sencillo.

AP: ¿Lo trabajaron juntos, desde el principio?

CB: Yo desarrollé el proyecto, visualmente, por mi parte. Me interesaba crear una escultura dinámica, tridimensional. Me la figuraba como un ballet, como si los globos fueran bailarines. Justo ahí me encontré con que Robert había creado una pieza en donde algunos bombillos se prendían con sus sonidos, y supe que teníamos que hacer algo juntos.

AP: ¿Se imaginan otro tipo de música para este proyecto? Que no sea electrónica.

RH: La música y lo visual son una entidad. Podrías imaginártelo con alguna cosa de Stravinsky, pero no sería tan fuerte, y sería horrible en muchos niveles. [Risas] Stravinsky no necesita de globos. Y los globos merecen algo especialmente diseñados para ellos.

AP: ¿Han visto cómo reacciona la gente durante las presentaciones?

RH: Lo más importante, que hemos visto siempre, es que la gente se sorprende por la cualidad emocional del proyecto. Nunca se espera. Parece increíblemente rígido, pero lo téncico desaparece y mueve mucho a la gente.

AP: ¿Hay espacio en Atom para la improvisación?

RH: Mucho. Tenemos 9 segmentos definidos, con un orden definido. Pero entre ellos podemos emocionarnos más con una parte y menos con otra. Depende de nosotros, de lo que sintamos de la noche, de lo que veamos en el ambiente; recortamos algunos segmentos, otros los alargamos. Para mí es muy importante encontrar una dinámica verdadera durante las presentaciones; la música electrónica contemporánea está siempre al tope, no cesa nunca, y es muy interesante crear una experiencia en donde lo que se escucha a veces sea casi inaudible y a veces no pueda tener más volumen.

CB: Es hermosísimo ver cómo a veces, en silencio, la gente se hace consciente del espacio, de que hay aire acondicionado en el lugar, de cualquier cosa así. Es parte integral de la presentación. La gente no está acostumbrada. Ésta dinámica depende de cada noche. En realidad, más allá de las especificaciones técnicas o interpretativas, ahí radica la improvisación.

RH: Gracias a eso se pueden incorporar todos los elementos que componen una teoría del paisaje sonoro: la narrativa, la experiencia integral del espacio, incluso una suerte de historia oral en donde tú vas recordando las interpretaciones del pasado. Por eso es que nos sigue emocionando.

AP: ¿Podrías pronosticar el clima de mañana, Robert?  ¡Invocarás de nuevo algún fenómeno meteorológico?

RH: [Risas] Tenemos que ver el espacio. ¡No lo conocemos! Vamos a montar durante 8 horas, después vamos a afinar todos los detalles, comeremos algo y empezaremos a tocar. Entonces no, no podría pronosticarlo nada. ¡Vamos a estar encerrados durante todo el día!

 

 

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