Entrevista con Kristin Hersh: "Boicoteo toda la cultura popular y lo he hecho por muchos años."

Una tarde de 1986 Ivo Watts-Russell conducía por Alma Road en Londres, y el estéreo de su automóvil reproducía el primer demo de Throwing Muses. Los febriles gritos de la entonces adolescente Kristin Hersh, y los complejos ritmos de sus composiciones, que ponían en aprietos a todos los bajistas que desfilaron por las primeras alineaciones del grupo, le hicieron saber al jefe de 4AD que debía fichar al grupo de inmediato.

Para entonces la 4AD ya había establecido una estética distintiva con artistas como Dead Can Dance y Cocteau Twins. El advenimiento de dos grupos norteamericanos –Throwing Muses y Pixies- a su repositorio azuzó uno de los momentos más creativos en la historia del sello, con la edición de una de sus compilaciones más memorables (Lonely Is An Eyesore), el proyecto This Mortal Coil y una fructífera relación que hasta hoy se mantiene entre las Muses y su disquera.

Haciendo honor a esta historia, 4AD ha publicado recientemente una impecable antología de los 25 años de Throwing Muses, con material clave y algunas sorpresas seleccionadas por los miembros del grupo.  Tuve la oportunidad de conversar con Kristin Hersh sobre ello y otros temas:

N: Hola Kristin, felicidades por el 25 aniversario del disco Throwing Muses [TM]. Estaba intentado recordar la primera vez que lo escuché. Era una adolescente interesada en el sonido 4AD cuando conseguí el CD. Tal vez por la edad, las impresiones en general son intensas, sobre todo las primeras. Ese disco se sentía como fuego; tenía que presionar pausa muchas veces. Lo puse ayer después de algunos años mientras preparaba esta entrevista. ¿No es interesante cómo nunca escuchamos el mismo disco de la misma manera, o vemos la misma película, leemos el mismo libro…? ¿Cómo suena para ti después de 25 años, no sólo como la principal compositora, sino como escucha? ¿Es siquiera posible hacer esta distinción, “compositora/escucha”?

K: He evitado escuchar ese disco durante años, sólo porque asumí que era una locura que no necesitaba en mis oídos, pero con esta antología tuve que acostumbrarme a escuchar ese material de nuevo. Y VAYA que fue una locura, pero puedo escuchar que lo que tocábamos era lo que realmente queríamos. La cantante principal es mujer pero no tiene coqueterías, la instrumentación se basa en el rock indie, pero no está casada con él… Hablábamos nuestro propio idioma. ¡Así que supongo que la escucha en mí puede perdonar a la compositora después de todos estos años!

N: Tu forma de abordar el pasado parece poco convencional, en un sentido muy a lo Throwing Muses, como tu autobiografía Rat Girl, que se basa libremente en pasajes del diario que tenías a los 18 años. Y en la actualidad, revisitar el pasado es una actividad tan esquemática y predecible. Las bandas que se reúnen para tocar en vivo sus discos clave, parecen ser la tendencia. My Bloody Valentine lo hizo con Loveless, los Pixies con Doolittle, por mencionar a algunos. ¿Qué opinas de estas prácticas, especialmente cuando nunca has dejado de estar activa en la música?

K: Boicoteo toda la cultura popular y lo he hecho por muchos, muchos años. Ciertamente la industria del entretenimiento ya no tiene nada que enseñarme. Las tendencias son vergonzosas para mí, de cualquier manera, así que no les hago caso, y mucho menos las sigo. Las Muses nunca se separaron, así que no podemos hacer una “reunión” per se, pero sí tuvimos que suspender nuestras giras y grabar con frecuencia, pues no teníamos dinero para costear el estudio o estar de gira.

Tocamos donde nos sea posible tocar, ya sea en vivo o en una sesión grabada, y es así como siempre hemos manejado nuestras carreras. Algunas veces tengo que recordarme a mí misma que tocar música “real” nunca nos hará ganar mucho dinero ni tener mucha popularidad, pero es el único pasaporte al paraíso que conozco.

 

N: Estaba leyendo ese maravilloso texto que escribiste para el libro de Amy Raphael, Nevermind the Bollocks: Women Rewrite Rock. Tus metáforas son tan vívidas y detalladas cuando mencionas tu proceso de composición en relación a tu enfermedad durante mediados de los 80. Es el cumpleaños de TM 86, pero hablemos por un momento de los otros niños en esta fiesta. Las imágenes en tu canción “Mexican Women” (House Tornado, 1988) son uno de los más asombrosos y perturbadores contenedores de horror que he escuchado, especialmente lo que les sucede a esas mujeres en las colinas. ¿Eran estas canciones estrictamente una expresión de tu estado mental o de alguna manera fueron influenciadas por otros medios de expresión (libros/filmes/pinturas)?

K: De hecho no tengo ni idea. Escucho mientras las canciones se tocan,  esperando que las letras salgan bien y después le enseño a la banda las canciones que escuché. Si intento influir lo que dicen, son inmediatamente menos bellas. Así que aunque a veces me humillan con lo que me hacen decir, ¡me convenzo de que es para un bien mayor!

N: La serie de canciones del 86 al 88, incluyendo The Fat Skier y “Fish” de la compilación Lonely Is An Eyesore (4AD, 1987), tienen todas en común una intensidad cruda; si pertenecieran a alguna parte de la repisa de discos, sería la parte roja. Menciono colores porque pareces ser de esos músicos que con frecuencia asocian acordes y sonidos con colores. ¿Estás de acuerdo con que el material de las TM de mediados de los noventa en adelante, así como tus discos en solitario se han situado en una parte más “fría” de la paleta cromática, en un sentido de mayor calma y reflexión? Tus discos Hips and Makers y University, por ejemplo, me suenan azul-verdosos.

K: Sé a qué te refieres, absolutamente. Aunque la tristeza inherente en el material de los primeros años parecía torcerse a sí misma en una solidez con el trío en Red Heaven y todos nuestros subsecuentes discos. Esa solidez puede ser muy feroz y carecer de fragilidad para
probar su punto.

N: Continuando el ejercicio que haces en Rat Girl de ligar libremente una de tus letras con una experiencia escrita en tu diario, ¿en qué anécdota puedes pensar con una línea como “Sus miradas se entrelazaron y sus corazones se abrieron / Enamorados, no podíamos respirar”? Puede basarse en acontecimientos reales o imaginados.

K: Las canciones frecuentemente se apropian de las fotografías de mi vida y las envuelven en historias, superponiéndolas de modos inesperados. Esta fotografía era un pequeño momento en una cafetería, la nieve soleada afuera, los corazones helados dentro… Seguro sabes de qué hablo. El amor es complicado, pero la falta de amor es aún peor.

N: Algunas preguntas sobre tu proceso de composición. Has mencionado que tú no escribes canciones, sino que ellas “vienen a ti”. En TM 86, las canciones parecen haber irrumpido a través de cada entrada de tu casa, pero en Hips and Makers, por ejemplo, mi impresión es que entraron furtivamente por una ventana durante una de tus vigilias. ¿[Las canciones] Llegan a ti caminando, corriendo, cojeando…? ¿Cómo describirías este proceso y cuánto ha cambiado con los años?

K: Mi actitud ha cambiado más que mi proceso de composición. Ahora las puedo ver llegar; rara vez me ciegan o me alteran. Desde luego que eso es en parte, porque ya no me importa tomar del estacionamiento de algún motel la camioneta de la gira para irme y encerrarme en un cuarto de baño a las 4 am bajo unas parpadeantes luces fluorescentes. Ya me parece normal. Hubo un tiempo en el que se sentía como lo último a lo que podías llamar normal.

Cuando intentaba tocar siguiendo las reglas de la industria, deliberadamente le bajaba de intensidad a mi acto con tal de no sonarle tan rara a la gente, pero ahora que cuento con el apoyo directo del escucha a través de CASHmusic.org, las canciones de nuevo reinan libremente en mi casa y en el estudio.

N: Parece que tu música y tu familia han establecido un fuerte vínculo. Leyendo cómo el embarazo y la maternidad cambiaron tu vida y qué tan entrelazada está con tu música, no es de sorprender. Eres afecta a llevar a tus hijos de gira y han hecho contribuciones en tus discos (¿es el bebé Wyatt al inicio de “University”? Suena adorable) y tus videos. ¿Cómo ha influído tu familia en tu música y viceversa?

K: Ese es Ryder bebé en “University”. Ahora es un estudiante universitario (¡auch!). Pero ambos cantan y tocan en “Murder, Misery and Then Goodnight” y Wyatt baila en el video “Clara Bow” de 50FootWave.

Siento que las canciones y los bebés son uno y lo mismo. Soy su cuidadora, pero al final ellos están a cargo de su propio destino. No puedo decirles cómo pensar o qué decir, así que mi trabajo es escucharlos e intentar mantenerlos lo suficientemente saludables para que tomen las decisiones correctas. Mi carrera ha cubierto todo el espectro desde permitirle a las canciones hacer lo que se les antojase, hasta aprender a discernir y mantener mi psicología y auto-expresión fuera de su camino. La maternidad es similar. No quieres formar un ejército de pequeños seres semejantes a ti; quieres que estos seres florezcan como ellos mismos. Luego toman su propio camino e influyen en otros, escriben sus proias historias.

N: Por último, ¿hay música que te entusiasme recientemente, que te haga salir a comprar el disco y asistir al concierto, y no sólo descargar el mp3?

K: Me encantan los Moore Brothers de California. No imitan a los músicos que les gustan como hacen casi todas las bandas, sino que tocan como sus músculos y sus voces les mandan. Es extraño y gentil al mismo tiempo. Y por supuesto, son gente adorable. No me importa lo que nadie diga: ¡la gente mala NO PUEDE tocar buena música! Tienes que ser amable…